Our lawn just might be a parable.
It reminds me of Mark 4.30-32.
What’s a good image for God’s kingdom? What parable can I use to explain it? 31 Consider a mustard seed. When scattered on the ground, it’s the smallest of all the seeds on the earth; 32 but when it’s planted, it grows and becomes the largest of all vegetable plants. It produces such large branches that the birds in the sky are able to nest in its shade.
I have learned that most of Jesus’ early listeners probably chuckled when they first heard this parable. Unless we grow mustard seeds, though, most of us don’t get the joke. But Jesus was making a serious point with humor about the Kingdom of God.
If you don’t get it, I don’t blame you. Let my lawn help you get the joke.
What’s a good image for God’s kingdom? What parable can I use to explain it? Consider a dandelion puff. When it floats through the air, it’s barely noticeable. But when it’s planted, it grows vibrant yellow flowers that the rabbits and the birds love to eat. We can even use the leaves to make a nice salad.
What did Jesus not say? And what obvious part of this picture of my own lawn did I leave out? Both mustard seed plants and dandelions are weeds!
Why would Jesus highlight weeds as an image of the Kingdom of God?!
Most weeds are kind of scruffy looking. They show up in unexpected, unplanned places. And they’re hard to get rid of. The Kingdom of God is like a weed! Ha!
In this time and place where the church is no longer in the center of society in North America, it is kind of weedy. The growing, vibrant parts of the church in our country aren’t full of wealthy folks who seemingly have it all together. They are full of young families with children wondering how to get by. They are full of immigrants. People who trust Jesus, even as they worry about issues of safety and security. They are full of people who are searching for belonging, because society says there is no place for them. Vibrant churches are like weeds—hardy, tenacious, maybe not always pretty, but full of love and life that pops up in unexpected places. The Kingdom of God is like a weed—and that’s good news.
-Kathy Neufeld Dunn, WDC Associate Conference Minister (KS-based)
La parábola de los dientes de león
Nuestro césped bien podría ser una parábola.
Me recuerda a Marcos 4:30-32.
¿Cuál es una buena imagen para el reino de Dios? ¿Qué parábola puedo usar para explicarlo? 31 Es como una semilla de mostaza: cuando se siembra en la tierra, es la semilla más pequeña que hay, 32 pero una vez sembrada crece hasta convertirse en la más grande de las hortalizas, y hecha ramas tan grandes que las aves pueden anidar bajo su sombra.
He aprendido que la mayoría de los primeros oyentes de Jesús probablemente se rieron entre dientes al escuchar por primera vez esta parábola. Sin embargo, a menos que cultivemos semillas de mostaza, la mayoría de nosotros no capta la broma. Pero Jesús estaba planteando, con humor, un punto serio acerca del Reino de Dios.
Si no lo entiendes, no te culpo. Deja que mi césped te ayude a captar la broma.
¿Cuál sería una buena imagen para el reino de Dios? ¿Qué parábola podría utilizar para explicarlo? Pensemos en las semillas del diente de león. Cuando flotan por el aire, apenas se perciben; pero, una vez plantadas, hacen brotar unas flores de un amarillo vibrante que a los conejos y a los pájaros les encanta comer. Incluso podemos utilizar sus hojas para preparar una deliciosa ensalada.
¿Qué fue lo que Jesús no dijo? ¿Y qué parte obvia de esta imagen de mi propio césped dejé fuera? ¡Tanto las plantas de mostaza como los dientes de león son malas hierbas!
¿Por qué destacaría Jesús las malas hierbas como una imagen del Reino de Dios?
La mayoría de las malas hierbas tienen un aspecto un tanto desaliñado. Aparecen en lugares inesperados, no planificados. Y son difíciles de eliminar. ¡El Reino de Dios es como una mala hierba! ¡Ja!
En este tiempo y lugar, donde la iglesia ya no ocupa el centro de la sociedad en Norteamérica, su aspecto es, en cierto modo, el de una mala hierba. Las partes de la iglesia que crecen y rebosan vitalidad en nuestro país no están repletas de personas adineradas que, en apariencia, tienen la vida perfectamente resuelta; están llenas de familias jóvenes con hijos que se preguntan cómo salir adelante. Están llenas de inmigrantes: personas que confían en Jesús, aun mientras se inquietan por cuestiones de seguridad y protección. Están llenas de personas que buscan un sentido de pertenencia, pues la sociedad les dice que no hay lugar para ellas. Las iglesias vibrantes son como las malas hierbas: resistentes, tenaces; tal vez no siempre hermosas, pero desbordantes de amor y vida que brotan en los lugares más inesperados. El Reino de Dios es como una mala hierba, y esa es una buena noticia.
-Kathy Neufeld Dunn, Ministra asociada de la Conferencia WDC (con sede en KS)