“There is a difference between opening a door and recognizing that the person walking through it is a blessing.”—Bryan Epps

We recognize that Jesus sought out people on the margins. He didn’t do this because he pitied them.  He reached out to people because they had experiences and gifts that were not recognized by those in positions of power.   Because of this, they were marginalized.

In scripture, I think of the Samaritan woman at the well who was surprised that Jesus wanted to talk with her. She asked him astute questions and shared her understandings about God and worship with him.  Seemingly few before had seen her as someone with spiritual interest.   Jesus recognized it.  The woman became a missionary to her people.

Both in some parts of scripture and in our modern faith communities, too often we see children as persons to be “managed” or as cute entertainment during worship.  Remember how Jesus understood children.  “Allow the children to come to me. Don’t forbid them, because God’s kingdom belongs to people like these children. I assure you that whoever doesn’t welcome God’s kingdom like a child will never enter it” (Luke 18.16-17).  Jesus welcomed children and he stated clearly that they are people of worth and dignity in God’s kingdom.

Here is the challenge:  Who do we open our church doors to, but only see these individuals as people with needs, not as people who can be a blessing to the congregation and to our communities?

May God give us wisdom and open hearts and minds.

-Kathy Neufeld Dunn, Associate Conference Minister (KS-based)


¿Sabes reconocer una bendición?

“Hay una diferencia entre abrir una puerta y darse cuenta de que la persona que la atraviesa es una bendición.” —Bryan Epps

Reconocemos que Jesús buscaba a las personas marginadas. No lo hizo porque les tuviera lástima.  Se acercó a la gente porque tenían experiencias y dones que no eran reconocidos por quienes ocupaban cargos de poder.   Por eso, fueron marginados.

En las escrituras, pienso en la mujer samaritana del pozo que se sorprendió de que Jesús quisiera hablar con ella. Le hizo preguntas perspicaces y compartió con él sus ideas sobre Dios y el culto.  Pocos antes la habían visto como alguien con interés espiritual.   Jesús lo reconoció.  La mujer se convirtió en misionera para su pueblo.

Tanto en algunos pasajes de las escrituras como en nuestras comunidades de fe modernas, con demasiada frecuencia vemos a los niños como personas a las que hay que “controlar” o como un entretenimiento adorable durante el culto.  Recordemos cómo entendía Jesús a los niños.  “…Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como a un niño, no entrará en él” (Lucas 18:16-17).  Jesús acogió a los niños y dejo claro  que son personas valiosas y dignas en el reino de Dios.

Aquí está el reto: ¿A quién abrimos las puertas de nuestra iglesia, pero solo vemos a estas personas como personas con necesidades, no como personas que pueden ser una bendición para la congregación y nuestras comunidades?

Que Dios nos conceda sabiduría y corazones y mentes abiertas.

-Kathy Neufeld Dunn, Ministra Asociada de Conferencia (con sede en KS)