Proclamar el evangelio, es proclamar a Jesucristo

By Byron Pellecer

En las últimas semanas he estado reflexionando sobre la carta de Pablo a los romanos.

Me he impresionado en gran manera la experiencia de la conversión y compromiso de Pablo con la Gran Comisión. Son convicciones son tan profundas que está dispuesto a arriesgarlo todo, hasta la vida misma.

Nada de esto era más poderoso y valioso para Pablo que creer, vivir y anunciar el evangelio de Jesucristo. Es por eso por lo que le vemos constantemente invitando a la gente a que entre en el reino de Dios, viva dentro del reino y a que compartan el reino de Dios.

La iniciativa y consumación de la salvación empieza y termina con Dios, el humano es incapaz de la salvación por sí mismo. Es por eso por lo que se hace necesario enseñar, predicar y practicar que el ser humano no está en el centro del universo. En cambio, Dios sí está en el centro del universo y el desafío contemporáneo es el que Él debe estar en el centro de nuestras vidas individual y comunitariamente.

Pero también es cierto que, a esta iniciativa e invitación de Dios, deber haber una respuesta humana. La salvación no se hereda, se acepta y se vive. A esta respuesta humana se la llama fe, es decir creer plenamente en la Gracia de Dios. “Más el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17, Habacuc 2:4).

Al igual que el apóstol, nosotros también necesitamos estar convencidos que en el Evangelio de Jesucristo está la salvación integral. Que vale la pena creer y confiar plenamente en el evangelio y que por medio del evangelio se puede tener una relación correcta e integral con Dios y con la humanidad.

Así que en toda práctica en la vida de la iglesia incluyendo crecimiento, revitalización y plantación de nuevas obras, siempre se debe tener en cuenta estas palabras…

“Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo.”

(1 Corintios 3:11 NBLH). Entonces, proclamar el evangelio es proclamar a Jesucristo.

 

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