It was shocking! / ¡Fue impactante!

It was shocking!

by Byron Pellecer, WDC Associate Conference Minister (Texas-Based)

As a first-generation immigrant, I find Cornelius’ experience shocking, intriguing, challenging and hopeful (Acts 10:44-46 NRSV).  It looked like a culturally and religiously shocking experience! This is how I will describe the events for the Jewish disciples, for Cornelius and his friends. What happened here, the sharing of the good news, could be described as a “Gentile Pentecostal Resurrection” experience.

In the book of Acts, Luke makes sure that every reader understands that God sent Jesus, who is Lord of all, anointed with the Spirit and power, to tell the good news of peace and to heal those who were under the dominance of the evil one.

This Jesus was crucified, and God raised him up on the third day. Then, the risen Christ gave to his disciples a succession ministry plan, with clear instructions to preach and announce the coming of the kingdom. This commission includes an eschatological component, the return of Christ as King to judge the living and the dead, and the restoration of all things.

I can only imagine Cornelius and his friends being amazed and puzzled, even as Peter was perplexed with this “intercultural inclusiveness” reality check, and all that God had in store for them.

In Peter’s conversation with Cornelius, we notice that a divine connection with earthly implications was established here. Little by little a relationship begun to emerge through the journey, the house visits and the conversation which included key elements about the gospel, the crucifixion, death and resurrection of Jesus. This interaction also alludes to the demonstrations of God’s power, repentance and forgiveness of sins which in turn set the path for a new relationship with God.

Cultural barriers were torn down by the living God even while Peter was still immersed in his mono cultural reality. For the most part, this is still true today.  Society and Church want to be interculturally and multiculturally competent, while maintaining a mono-cultural approach and practice. Yet, it seems wrong to expect and demand other cultures to understand and practice the North American understandings of culture.  That is dominance and forced assimilation.

Without transformation, multicultural-intercultural competence becomes just another ideal.  Intercultural transformation implies openness and willingness to see and embrace others who are different as equals, just as God does. It means to learn, to live and wrestle with realities other than just what is relevant to the dominant North American culture and theology.  Intercultural immigrant theology is more broadening and challenging; it does not center in just one aspect of the life of the church, rather it seeks to be holistic, in action and reflection, in all and for all.

Cornelius’ experience challenged the first generation of disciples and it still does today.  He and his friends seemed to be able to integrate their new faith reality within their culture. In a way, I see them as part of the ‘first generation of immigrants’ into the Christian faith.

Multicultural-intercultural competence demands openness to truly engage to what matters to ‘other’ cultures and what’s important for them as well. This reality will challenge a ‘multicultural attempts with a mono-cultural mentality and practice.’  Unless Church and society are open and willing to experience transformation and its struggles, then attempts at multicultural-intercultural competence will be just a conversation and a dream.

Just as Christ breathed the Spirit into his disciples, may His Spirit continue giving us the gift of friendship, fellowship and intercultural transformational competence.


¡Fue impactante!
By Byron Pellecer, WDC Associate Conference Minister (Texas-Based)

Como parte de la primera generación de inmigrantes, encuentro que la experiencia de Cornelio es impactante, intrigante, desafiante y llena de esperanza (Hechos 10: 44-46 NRSV).

¡Parecía una experiencia cultural y religiosa impactante! Así es como describiré lo que sucedió con los discípulos judíos, con Cornelio y con sus amigos. Lo que sucedió aquí, el compartir las buenas nuevas, también podría describirse como una experiencia de la Resurrección al estilo Pentecostal y Gentil.

En los relatos del libro de Hechos, Lucas se asegura de que cada lector, aparte de Teófilo, comprenda que Dios envió a Jesús, ungido con el Espíritu y con poder, quien es el Señor de todos, para contar las buenas nuevas de la paz y para sanar a quienes estaban bajo el dominio del maligno.

Este Jesús fue crucificado, y Dios lo resucitó al tercer día. Después, el Cristo resucitado le dio a sus discípulos un plan de sucesión para el ministerio, constituida por instrucciones claras para predicar y anunciar la venida del reino. Sin embargo, esta comisión incluye un componente escatológico, el regreso de Cristo como Rey para juzgar a los vivos y los muertos, y que también incluye la restauración de todas las cosas.

Solo me puedo imaginar a Cornelio y sus amigos asombrados o desconcertados, ya que Pedro estaba siendo desafiado con la realidad de una inclusión intercultural, con lo que Dios tenía reservado para ellos. Esta narrativa debe verse como una realidad más “global” e intercultural.

Si uno sigue de cerca la conversación de Pedro con Corneli, notará que aquí se estableció una conexión divina con implicaciones terrenales. Poco a poco comenzó a surgir una relación a través de la jornada, la visita a la casa y la conversación que incluía elementos clave sobre el evangelio, la crucifixión, la muerte y la resurrección de Jesús.

Esta interacción también alude a las demostraciones del poder de Dios, el arrepentimiento y el perdón de los pecados, que a su vez establecen el camino para una nueva relación con Dios.

Las barreras culturales fueron derribadas por el Dios vivo y, sin embargo, este discípulo estaba aún tan inmerso en su realidad mono cultural. En su mayoría, esto sigue siendo cierto hoy en día.

La sociedad y la Iglesia quieren ser competentes intercultural-multiculturalmente con un enfoque y práctica mono cultural. Es simplemente incorrecto esperar y exigir, ya sea explícitamente o siendo pasivo-agresivo, que otras culturas comprendan y practiquen los entendimientos norteamericanos solamente; Eso se le conoce como dominio y asimilación forzada.

Sin transformación, lo multicultural-intercultural se convierte en un ideal más; u otra cosa agradable para soñar.

La transformación intercultural implica apertura y disposición para ver y abrazar a otros quienes son y se ven diferentes, como lo hace Dios. Significa aprender, vivir y luchar con realidades distintas de lo que es relevante para la cultura y la teología norteamericanas dominantes.

La teología intercultural de los inmigrantes es más amplia y desafiante; no se centra en un aspecto de la vida de la iglesia, sino que busca ser integral, en acción y reflexión, en todos y para todos.

La experiencia de Cornelio desafió a la primera generación de discípulos y todavía lo hace hoy. Él y sus amigos parecían poder integrar su nueva realidad de fe dentro de su cultura. En cierto modo, los veo como parte de la “primera generación de inmigrantes” en la fe cristiana.

La competencia multicultural-intercultural exige apertura para comprometerse verdaderamente con lo que es importante para “otras” culturas y lo que también es importante para ellas. Esta realidad cuestionará y desafiará ese “intento multicultural con una mentalidad y práctica monocultural”.

A menos que la Iglesia y la sociedad estén abiertas y dispuestas a experimentar la transformación y los dolores que conlleva, los intentos de competencia multicultural e intercultural serán solo una conversación y un sueño.

De la misma manera en que Cristo insufló el Espíritu en sus discípulos, que el Espíritu continúe dándonos el don de la amistad, el compañerismo y la competencia transformadora intercultural.

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