How are we experiencing church growth?

How are we experiencing church growth?

     by Byron Pellecer, WDC Associate Conference Minister (Texas-Based)

There are all kinds of expectations and assumptions for how ministry should be observed in an established congregation. Church plant initiatives are not immune to those expectations and assumptions. Numerical growth is one of them.

Let me set the stage right. I agree that both numerical and spiritual growth are important for the established and emerging church and yet, we need to be mindful that there are countless people’s lives that are being touched by the ministry of the church who might never attend or become members of our congregations.

There are at least three common ways or practices in church growth:

There is the biological growth. This happens when families within the church have babies who consequently grow up in the church.

There is the transfer of membership growth. This takes place when committed believers decide to seek membership in another established congregation.  In some instances, after a discerning process, some of these individuals might decide that instead of joining an established church, it would be best for them to take part in an emerging congregation.

And there is growth through evangelism and reaching out practices. This evangelism occurs when the faithful Body of Christ – individually and collectively – shares their personal Jesus-story and their discipleship journey. This sharing of the gospel is to invite others to enter, live and share the kingdom of God. The driving force is the continuum of God’s redemptive work.

In other words, it is an invitation for individuals to begin their Christian faith journey and Christian formation. This formation must include calling, equipping, and commissioning.

Therefore; evangelism, discipleship and mission cannot and must not be separated from each other. In fact, it should be part of the church’s DNA.

But the question remains: How are we experiencing church growth?

I argue that in part the answer lies in the challenge and in the invitation to join God’s redemptive work, starting in our local communities. To be local missionaries, that is.

The challenge in front of us is “to be alert to God’s activity in our locations that may signal an emerging group.”  The invitation is for “congregations -and individuals- to understand that creating new congregations is an essential and natural activity of every healthy church.”

Furthermore, when established congregations take part in church planting initiatives, they tend to experience revitalization and they get inspired to advance the gospel message in their communities in whatever way the Spirit leads them to.

¿Cómo se da el crecimiento de la iglesia?
 Byron Pellecer, WDC Associate Conference Minister (Texas-Based)

Hay todo tipo de expectativas y suposiciones sobre cómo se debe llevar a cabo el ministerio en una congregación establecida. Las iglesias emergentes no son inmunes a esas expectativas y suposiciones. El crecimiento numérico es uno de ellos.

Permítame preparar el escenario bien. Estoy de acuerdo en que el crecimiento numérico y espiritual son importantes para la iglesia establecida y para la emergente y, sin embargo, debemos estar conscientes de que las vidas de incontables personas están siendo tocadas por el ministerio de la iglesia y que quizás nunca asistirán ni se harán miembros de nuestras congregaciones.

Por lo menos tres formas o prácticas comunes en el crecimiento de la iglesia:

Está el crecimiento biológico. Esto sucede cuando las familias de la iglesia tienen bebés y estos consecuentemente crecen en la iglesia.

Está el crecimiento por transferencia de la membresía. Esto ocurre mayormente cuando los creyentes comprometidos deciden buscar membresía en otra congregación establecida.

En ciertos casos, después de un proceso de discernimiento, algunos de estos individuos deciden que, en vez de unirse a una iglesia establecida, les sería mejor participar con una congregación emergente.

Y hay crecimiento a través de evangelismo y alcance. Este evangelismo ocurre cuando el fiel Cuerpo de Cristo -individual y colectivamente- comparte la historia de su conversión personal y de su andar con Jesús. Compartir el evangelio es invitar a otros a entrar, vivir y compartir el reino de Dios. La fuerza impulsora es la continuación de la obra redentora de Dios.

En otras palabras, es una invitación para que los individuos comiencen su peregrinaje en la fe y formación cristiana. Esta formación debe incluir el llamado, el equipamiento y ser enviados.

Por lo tanto; el evangelismo, el discipulado y la misión no pueden ni deben separarse el uno del otro. De hecho, debería ser parte del ADN de la iglesia.

Pero la pregunta sigue siendo: ¿Cómo ese da el crecimiento de la iglesia?

Mi argumento es que parte de la respuesta está en el desafío y en la invitación a unirse a la obra redentora de Dios quien ya está obrando en nuestros barrios. En otras palabras, a ser misioneros locales.

El desafío frente a nosotros es “estar alertas a la actividad de Dios en nuestras ubicaciones a lo que puede ser una señal de un grupo emergente”. La invitación es para que las “congregaciones -y los individuos- comprendan que la creación de nuevas congregaciones es una actividad esencial y natural de cada iglesia saludable “.

Además, cuando las congregaciones establecidas participan en iniciativas de plantación de iglesias, tienden a experimentar revitalización y se inspiran para que el mensaje del Evangelio avance en sus comunidades y hacerlo conforme el Espíritu del Señor les guíe.

 

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