Go and Find Them / Ve y Encuéntralos

     by Byron Pellecer, WDC Associate Conference Minister (Texas-Based)

“The church came to my house, now I am attending church too.” These were the words that José shared with Oscar who owns Spin City Laundromat. This was the experience that came to mind as I continued reflecting on Luke 10, the commissioning of the seventy.

Their conversation revolved around José’s discipleship and transformation experience. He was sharing with Oscar about his new journey, the way of Jesus.

One of the driving forces for church planting, church growth and church revitalization is the understanding that the church, whether an emerging or established congregation, is a community of disciples called and sent by God to bear holistic witness to Jesus Christ in the power of the Holy Spirit, to share the blessing of God’s grace and love, and to be a sign of the new creation in its own context, and to make a transformational social impact.

N.T. Wright asserts that “They (the early believers) were seen not just as a religious grouping, but one whose religion made them a subversive presence within the wider Roman society.” Consequently, the church must be present in its community in every way possible; by doing it so it might find individuals with different life experiences, who could have been receptive to hear the gospel of Christ, to enter, live and eventually share the kingdom of God with others

To walk in the way of Christ is not just to better ourselves, rather it is to seek the wellbeing of the community. It is not a selfish religious consumeristic approach. Instead, the church is called to a subversive transformational presence; it goes beyond the ecclesiastic resolution or statement stage.

Paul wrote to Timothy: “proclaim the message; be persistent whether the time is favorable or unfavorable; convince, rebuke, and encourage, with the utmost patience in teaching. For the time is coming when people will not put up with sound doctrine, but having itching ears, they will accumulate for themselves teachers to suit their own desires, and will turn away from listening to the truth and wander away to myths. As for you, always be sober, endure suffering, do the work of an evangelist, carry out your ministry fully. (2 Timothy 4:2-5 NRSV) These words are very challenging and encouraging for me.

Therefore, I am convinced that there are many “Josés” in our communities that are thirsty to hear God’s story through our own personal experiences. In turn, those individuals might share their story of Jesus as well.  We, individually or collectively, are faced with the challenge to go and find them too.

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Ve y Encuéntralos

“La iglesia vino a mi casa, ahora yo voy a la iglesia”. Estas fueron las palabras que José compartió con Oscar, quien es propietario de la lavandería Spin City. Esta fue la experiencia que me vino a la mente mientras continuaba reflexionando sobre Lucas 10, la comisión de los setenta.

La conversación de ellos giró en torno a la experiencia de discipulado y transformación de José. Él estaba compartiendo con Oscar sobre su nueva vida como seguidor de Jesús.

Una de las fuerzas motrices para la plantación de iglesias, el crecimiento y la revitalización lo constituye la comprensión de que ya sea que la iglesia es una congregación emergente o establecida, es una comunidad de discípulos llamados y enviados por Dios para dar un testimonio integral de Jesucristo en el poder del Espíritu Santo, para compartir la bendición de la gracia y el amor de Dios, y para ser una señal de la nueva creación en su propio contexto, para lograr un impacto social transformador.

NT Wright afirma que “Ellos (los primeros creyentes) fueron vistos no solo como una agrupación religiosa, más bien  su religión les hizo tener una presencia subversiva dentro de la sociedad romana en general”. En consecuencia, la iglesia debe estar presente en su comunidad en todas las maneras posibles; al hacerlo, podría encontrar personas que probablemente han estado receptivas a escuchar el evangelio de Cristo, para entrar, vivir y, finalmente, compartir el reino de Dios con los demás.

Andar en el camino de Cristo no solo es para encontrar una mejoría para nosotros mismos, sino que también incluye procurar el bienestar de la comunidad. No es un enfoque consumista religioso egoísta. Por el contrario, la iglesia está llamada a una presencia transformadora subversiva; va más allá de la etapa de una resolución o declaración eclesial.

Las palabras de Pablo a Timoteo: “Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar.  Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos. Tú, por el contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio.” (2 Timoteo 4: 2-5 NVI) son muy desafiantes y alentadores para mí.

Por lo tanto, estoy convencido de que hay muchos “José” en nuestras comunidades quienes están sedientos de escuchar las palabras que vienen de Dios a través de las experiencias personales. A su vez, esas personas también podrían compartir la historia de su Jesús. Nosotros, ya sea  individual o colectivamente, también  enfrentamos al desafío de ir y encontrarlos.

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